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viernes, 18 de noviembre de 2016

Cuentos


El arte tiene un lenguaje particular, que apela mas a los sentimientos.

Estoy tan metido en este mundo de la ciencia que hice un intento de escribir un libro de cuentos y no me salieron sino cuentos relacionados con nuestro mundo. Para corregir en algo mi forma macarronica de escribir me ayude de una muy buena escritora de guiones para radio.

Les pongo un ejemplo sobre la juventud, el cinismo que imponen las carencias materiales. Podia haber escrito un articulo sobre esto, pero ... mejor el cuento. 
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Los sueños de Mary

Es octubre y Mary no ha cumplido todavía los ocho años. En la sala-comedor coinciden, casi siempre, la comida y el noticiero de televisión. Hoy papá se ha demorado algo mas de lo usual en una innecesariamente larga reunión de trabajo y al abrir la puerta ya el “informativoestelartelevisivo” está por terminar.

-¡Hola papi! - ¡Hola preciosa! –Nos decimos, y un aluvión de besos me moja la cara y me mejora el día.
-Como tardaste tanto ya Mary y yo comimos. ¿Quieres que te sirva ahora o prefieres darte un baño antes? -pregunta mi mujer, mientras casi por inercia va camino a la cocina.
-Mejor veo el final del noticiero.

Y no me falló la intuitiva respuesta, pues el estirado locutor anunciaba en ese instante que el cierre de la emisión estaba reservado a una noticia científica: la entrega del Premio Nobel de Física a una eminencia de allende los mares, como siempre.

-Están hablando del grafeno, Adrián. –comentó otra vez por inercia mi mujer, como si yo no me hubiera percatado.
-¿Y qué cosa es el grafeno, papi?

Me encantaba que Mary me hiciera esas preguntas tan impropias de su edad, pero tan propias de la hija de un científico con más aspiraciones que posibilidades de cumplirlas.

-Grafeno es… como decir lasquitas de un creyón de lápiz. Y tiene propiedades muy interesantes, amorcito. –Le dije a Mary simplificando todo lo que pude la respuesta.
-¿Igual que el polvito que me ensucia las manos cuando le afilo la punta a un lápiz?
-Algo parecido, cariño. -Y como cualquier buen padre, me enorgullecí de la precoz genialidad de mi hija, que no había completado aún los ocho años de existencia, pero manipulaba lápices desde que estaba en preescolar.

Ya la niña debe dormir, porque mañana temprano debe ir a la escuela con la mente despejadita y un lápiz afiladito.” –Le digo mientras la arropo en la cama y le beso la frente.

-Papi, yo quisiera que te ganaras un Premio Nobel. –Me dice Mary soñolienta, y yo me enternezco.

Dejo mi imaginación a su libre albedrío, y me veo el próximo diez de diciembre en la Real Academia de las Ciencias de Suecia, incómodamente vestido para la protocolar ceremonia a la cual no es lícito asistir con pulóver y jeans. Debo haber hecho en beneficio de la humanidad un gran aporte al desarrollo de la Física -de los que pueden ser posibles para mí aunque yo creyera lo contrario- porque voy a recibir el non plus ultra de los galardones a escala planetaria. Y tal vez universal, porque quién sabe si en otros mundos más allá del nuestro haya existido un Alfred Nobel que quiso resarcir con un fabuloso Premio los estragos causados por el mal uso que algunos hicieran y hacen de su más famosa invención: la dinamita.

Entre el numeroso y selecto público está mi mujer, que tal vez no haya asistido por inercia a la premiación, sino porque la Real Academia de las Ciencias de Suecia cursó a su nombre una pomposa invitación, que hubiera sido un imperdonable desaire no corresponder. Y está también Mary, que no cabe de orgullo y contentura en su butaca tapizada en rojo, como si hubiera crecido muchísimo. Igual que Alicia en el País de las Maravillas, supongo.

Yo solamente tengo ojos para mi niña, en medio de tantas personas –más bien personalidades- tan estiradas como el locutor del “informativoestelartelevisivo”. Y se me ocurre en ese instante que sería bueno que aquel impresionante salón fuera una plaza de toros y yo el torero, para dedicarle a Mary la faena lanzándole mi montera, al estilo de los “mataores” clásicos… aunque no he simpatizado nunca con tan sádico espectáculo. ¡Las cosas que logra una imaginación desbocada!

Sé que lo mejor del Premio Nobel que estoy por recibir no serán los discursos en mi honor, ni la áurea medalla con la barbuda efigie de Alfredo, yo que nunca he usado ni siquiera la de la Caridad del Cobre: la Patrona de Cuba, la Virgen Mambisa y unos cuantos epítetos más que están por endilgarle en estos tiempos de complaciente apertura. Tampoco lo más extraordinario será la jugosa suma que acompaña al alto reconocimiento, para que no sea solamente “moral”, sino también “material”, como hemos ido aprendiendo poco a poco los cubanos.

Lo que me emociona casi hasta el temblor es saber que mi niña al regresar a casa, les dirá a todos en su escuela y en el barrio que su papi ha merecido el Premio Nobel de Física, no sé bien por qué cosa, pero eso ya tendré ocasión de imaginarlo. Y pienso en Mary llevándome de la mano de un lugar a otro para que todos me conozcan, y mi hijita volverá a crecerse como Alicia, para no caber en sí misma de “sano y justificado orgullo”… perdonándome la manida frase. ¡Por algo mi niña desea que alguna vez yo me lo gane!

-Papi, dice mi mamá que a los que ganan ese Premio les dan mucho dinero. ¿Eso es verdad?
-Sí, mi cielo.- Le respondo saliendo a la carrera del salón protocolar en Estocolmo, para entrar de nuevo en el cuarto de mi hija en La Habana.
-Entonces hace falta que te lo ganes pronto, para cambiar mi bicicleta por una más grande… y pintar la casa que está un poco fea… y comprarte unos zapatos nuevos porque tus botas no me gustan… y no tengas que ir al trabajo en una guagua llena de gente, sino en un taxi para ti solito…
-Si, mi cielo, está bien, pero ahora duérmete, que es tarde. -Y le doy otro beso en su frente desbordada de sueños, que no se asemejan a los míos. Porque, definitivamente, Mary se parece más a su tiempo que a su padre.


Augusto González y Rosita Pérez López, 2016

2 comentarios:

  1. Me gusto mucho su cuento profe, muy humano

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  2. Profe: Conmociona su cuento, muy bueno que apele a los sentimientos también desde la ciencia.
    Que suerte que su mujer camine y hable por inercia y que Mary se parezca tanto a Ud.como a su tiempo.
    Con Rosa Pérez hizo una dupla casi perfecta. Ojalá trascienda.
    Por qué no se interesa por colocar los acentos con lo preciosista qué es?
    Gracias por tener este blog.

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